martes, 3 de noviembre de 2015



Inteligencia vs actitud: ¿cual es más importante?


En el camino hacia la realización personal podemos enfrentar muchos obstáculos. Quizás uno de los más grandes, constantes y nocivos sea nuestra propia reacción ante un resultado inesperado o una situación no prevista. Puede pasar que no consigas la pasantía o el trabajo que tanto quieres y por el cual te vienenes preparando desde hace años, o que sientas que tus esfuerzos son en vano porque de todos modos van a ascender a otro. Cómo afrontamos estas situaciones puede ser un gran predictor de nuestro desempeño.
Las actitudes básicas de las personas pueden encuadrar en una de dos categorías: una mentalidad fija o una mentalidad de crecimiento, según la psicóloga Carol Dweck de la Universidad de Stanford, quien se refiere a la inteligencia como una cualidad que puede ser mejorada a través del esfuerzo persistente. Mientras los que tienen mentalidad fija piensan que el éxito es una capacidad innata e inmutable (“sos lo que sos y no podés cambiarlo”, lo cual es un problema cuando enfrentan un desafío ya que todo lo que parezca ser más de lo que pueden manejar está destinado a hacerlos sentir desahuciados y abrumados), las personas con mentalidad de crecimiento implícitamente ven a la inteligencia como algo para perfeccionar. Como resultado, les importa menos aparentar inteligencia y fácilmente coquetean con el fracaso, siendo ésta una actitud que los prepara para el éxito. Ellos se desempeñan mejor que aquellos con una mentalidad fija, incluso cuando tienen un CI inferior porque aceptan los desafíos, tratándolos como oportunidades para aprender algo nuevo.
Según Dweck, el modo en que se manejan los desafíos y las caídas es un factor decisivo en la vida, y el éxito se define según cómo se afronten los fracasos. Una persona con mentalidad de crecimiento consideraría al fracaso como información, es decir, como algo que no funcionó y que, por lo tanto, se debe intentar otra cosa para avanzar.

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