martes, 3 de noviembre de 2015



Inteligencia vs actitud: ¿cual es más importante?


En el camino hacia la realización personal podemos enfrentar muchos obstáculos. Quizás uno de los más grandes, constantes y nocivos sea nuestra propia reacción ante un resultado inesperado o una situación no prevista. Puede pasar que no consigas la pasantía o el trabajo que tanto quieres y por el cual te vienenes preparando desde hace años, o que sientas que tus esfuerzos son en vano porque de todos modos van a ascender a otro. Cómo afrontamos estas situaciones puede ser un gran predictor de nuestro desempeño.
Las actitudes básicas de las personas pueden encuadrar en una de dos categorías: una mentalidad fija o una mentalidad de crecimiento, según la psicóloga Carol Dweck de la Universidad de Stanford, quien se refiere a la inteligencia como una cualidad que puede ser mejorada a través del esfuerzo persistente. Mientras los que tienen mentalidad fija piensan que el éxito es una capacidad innata e inmutable (“sos lo que sos y no podés cambiarlo”, lo cual es un problema cuando enfrentan un desafío ya que todo lo que parezca ser más de lo que pueden manejar está destinado a hacerlos sentir desahuciados y abrumados), las personas con mentalidad de crecimiento implícitamente ven a la inteligencia como algo para perfeccionar. Como resultado, les importa menos aparentar inteligencia y fácilmente coquetean con el fracaso, siendo ésta una actitud que los prepara para el éxito. Ellos se desempeñan mejor que aquellos con una mentalidad fija, incluso cuando tienen un CI inferior porque aceptan los desafíos, tratándolos como oportunidades para aprender algo nuevo.
Según Dweck, el modo en que se manejan los desafíos y las caídas es un factor decisivo en la vida, y el éxito se define según cómo se afronten los fracasos. Una persona con mentalidad de crecimiento consideraría al fracaso como información, es decir, como algo que no funcionó y que, por lo tanto, se debe intentar otra cosa para avanzar.




La droga LSD, ¿es realmente peligrosa?


El ácido lisérgico o LSD, fue desarrollada por Albert Hoffman a finales de los 30. Es una de las drogas ícono de los años 50-60, cuando sus patentes faramacológicas vencieron y la gente empezó a buscarla debido a las potentes alucinaciones, sensaciones sinestésicas y distorsión del tiempo que ocasionaba en aquellos que la consumía. Tanta fue la popularidad del LSD que incluso despertó el interés de importantes científicos y psicoterapeutas de la época que buscaban conocer sus efectos medicinales. Pero que luego fue prohibida a causa del abuso extra-medicinal que la gente le dio.
Eso no significa que algunos científicos hayan perdido el interés en esta droga semisintética. En la actualidad hay un grupo de científicos que buscan la financiación de investigaciones que permitan conocer más sobre el uso medicinal del LSD. Ejemplos de ellos está una investigación de suiza que estudia el uso del LSD para disminuir la ansiedad en pacientes con enfermedades terminales o la investigación de la Fundación Beckley, la cual está interesada en cómo el LSD afecta la actividad neuronal y si podría usarse como estimulo para promover la creatividad.



PERSONALIDAD Y TRASTORNOS

Seguramente habrás escuchado frases similares a: “le han diagnosticado un trastorno x de la personalidad”, “me cae bien y tiene mucha personalidad”, y el que se lleva las palmas: “es que no tiene personalidad” (todos tenemos personalidad y además, es única e irrepetible, ya vale con estas frases). Sería imposible resumir en unas páginas el tema de la personalidad y sus trastornos, lo que sí que me gustaría es ayudarte a tener una perspectiva más amplia, científica y a la vez sencilla, sobre la personalidad; cuáles son los factores que la determinan, algunas teorías y modelos, sus trastornos y tratamientos actuales.

Personalidad

Como habrás visto en la introducción el término “personalidad”, en muchas ocasiones, se utiliza de una manera errónea. En psicología, cuando hablamos de personalidad nos referimos a un conjunto de pensamientos, sentimientos y comportamientos profundamente incorporados, que persisten en el tiempo y nos hacen únicos e irrepetibles. Las personas tendemos a responder de un modo similar al enfrentarnos a ciertas situaciones. Sin embargo, nuestro comportamiento no está determinado tan solo por la personalidad. El aprendizaje, el ambiente o los estados anímicos nos condicionan a la hora de actuar en ciertos momentos.
Si bien la personalidad puede, en cierta medida, predecir o determinar cómo nos comportaremos ante diferentes situaciones, no podemos pretender que la exactitud sea al cien por cien. La complejidad del ser humano y la inmensa cantidad de factores que intervienen en nuestra manera de actuar hacen imposible la identificación de un único predictor de comportamiento.

Factores determinantes de la personalidad

Existen varios factores que son determinantes en nuestra personalidad, como: la herencia, el afecto, la nutrición, la salud física, el desarrollo neuropsicológico, el ambiente y el aprendizaje.
Según Hans J. Eysenck , psicólogo inglés que dedicó su vida al estudio de la personalidad, la estructura de personalidad posee tres “dimensiones”: carácter, temperamento (que muchas veces se confunden) e inteligencia.
NOS REFERIMOS A UN CONJUNTO DE PENSAMIENTOS, SENTIMIENTOS Y COMPORTAMIENTOS PROFUNDAMENTE INCORPORADOS
CRÉDITOS: http://www.psyciencia.com/2015/28/a-que-nos-referimos-cuando-hablamos-de-personalidad-y-sus-trastornos/?utm_content=buffer2a3d4&utm_medium=social&utm_source=facebook.com&utm_campaign=buffer